Es horrible pensar que tienes que dejar de fumar porque, de lo contrario, TE VAS A MORIR. Uno se queda como pasmado, no dice mucho, o comienza a tratar de negar el pánico que eso produce atinando a decir frases bobas como “de algo hay que morirse”. Y es entonces cuando la gente que te rodea y nunca ha fumado, ni tenido cualquier otra adicción que no sea el facebook o la pintura de labios, comienza a cagarla: comienzan a ponerse hardcore, casi perversos. La cosa es que el que te ve pasmado no entiende que estás perplejo, y no inconsciente; siente la urgencia colaborativa de hacerte reaccionar a como dé lugar, porque no has entendido nada y porque esas cosas son como en Baywatch: después de un golpe, un shock eléctrico o una cachetada volverás repentinamente en ti, tosiendo y dando las gracias.
Y la broma va desde el típico…
“Cada cigarrillo que te fumas te resta 5 minutos de vida”,
o
“El cáncer de pulmón es uno de los peores”,
o el más técnico…
“Cada cigarrillo acumula no sé cuántos gramos de alquitrán en tus pulmones. Eso es nosecuántos alvéolos tapados”
o el técnico-doméstico,
“La EPOC es como si tuvieras un colador tapado de grasa de cocina que comienza a desgastarse…”
o el tipo mamá leyendo Wikipedia:
“¿Sabes lo que es neumotórax?”-esto me lo han hecho 2 veces ya. “Neumotórax es cuando se te sale el aire de los pulmones y comienza a dar vueltitas por ahí. Puede llegarte al corazón y matarte de un tiro”
._.
La peor de todas es cuando te dicen que no se puede dejar de fumar de un tirón, porque se seca la basura que tienes pegada en los pulmones. Es casi tan negativo como cuando has pasado 3 días sin fumar (y sin pensar, ni comer, ni reírte, ni ver bien, como pasa) y la gente comienza a tratarte mal porque “la pones nerviosa” o “no estás dando el 100%” en el trabajo.
Qué peo es dejar de fumar.
Yo, en lugar de dejar que otros me recuerden lo que ya sé y angustiarme más con las miles de posibilidades que hay de morirse o al menos jodérsela, he decidido,
porque no me queda otra,
hacerme un cariño y pensar más bien en las recompensas (evitando a toda costa cualquier imagen terrible de cáncer de boca, feticos muertos y pulmones obstruidos, porque *NO* me ayudan).
Las recompensas.
Voy a dormir mejor, tal vez engorde otro poquito, y ya no me va a dar pena besar a mi tan paciente Abelardo.
Las recompensas, las recompensas, las recompensas...
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